Juicio

Por décima vez en el día me hinqué ante el altar donde Jesús en la cruz me devolvía la mirada, el padre se inclinó hacia mí arrojándome agua bendita, estaba helada, mas no podía quejarme o mi madre me castigaría, él hizo un ademán indicando que me levantara, lo hice sin inmutarme por el dolor en mis rodillas llenas de moretones, cada domingo era lo mismo, mis padres me traían aquí a rezar diez veces mientras el cura me persignaba y hacía su teatro entre rezos haciendo que me levantara y me arrodillara diez veces en total, menos mal esto acabó por el día de hoy. Caminé despacio hacia esas enormes puertas ignorando a la enorme fila donde cada una de esas personas esperaba su turno para no ir al infierno. Ingenuos, estar aquí no los salvaba de nada, deberían estar ayudando al prójimo en vez de darse golpes de pecho. El diablo vino a mí hace unos días y me contó que la iglesia solo era una fachada para sus futuros inquilinos, solo los altruistas se salvarían, dijo que para mis padres era tarde y que yo acabaría igual si no me iba de este circo, eso haré, hoy es mi último día aquí. Estoy cansado de que el padre me rocíe esa agua que me quema por dentro, estoy harto de que me sangren los oídos por los rezos de los demás y odio que mi lengua se entuma cuando repito esas inmundas palabras. Mi garganta sufre al cantar en el coro, es como si tragara vidrios. Hoy no volveré a ver a nadie de aquí, me iré lejos de los hipócritas, iré a buscar mi camino ayudando a los desafortunados, ayudándome a mí.

-Mari Lu Meza

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio