
Los cuerpos se acumulan en mi sótano, el olor putrefacto impregnó cada rincón de mi hogar; aún recuerdo el primero de ellos, fue una anciana que quería venderme sus tartas de manzana, nunca se rendía, venía día tras día y no me dejaba descansar, así que le compré uno y la invité a entrar, le di un poco de agua con algo especial, no tardó ni un minuto en caer al suelo, de ahí le siguió mi mejor amigo, comenzó a fastidiarme con que lo dejara vivir aquí un tiempo, día y noche no dejaba de enviarme mensajes, entonces accedí y su primera noche la pasó en esa fría habitación, mas no estaba solo, así que debía ser feliz. Comencé a rociar aromatizante por toda la casa mientras venía a mi memoria la siguiente persona que llegó, fue una chica linda y tierna que conocí en el supermercado, un día me armé de valor y la invité a salir, nos la pasamos muy bien, pero la primera vez que estuvo aquí bajó al sótano y no tuve otra opción, me resigné a perderla. Después vino mi madre de visita, quien no dejaba de regañarme por no tener algo decente en el refrigerador y por no limpiar bien, ella se buscó ese final, debió dejarme tranquilo, solo soy una víctima de su egoísmo. Tengo que cuidar de mí, si no nadie más lo hará.
-Mari Lu Meza